Torna in Home Page
 HOME ESP » Sociedad » Familia recurso de la sociedad » Los cristianos, testigos de la verdadera libertad    

Los cristianos, testigos de la verdadera libertad   versione testuale
Entrevista con el sociólogo Mauro Magatti, uno de los oradores en la conferencia organizada por el Dicasterio, sobre la alianza intergeneracional

 
Entre los oradores en la conferencia "He recibido, he transmitido". La crisis de la alianza entre las generaciones", promovido por el Pontificio Consejo para la Familia en los días pasados, estuvo el sociólogo y economista Mauro Magatti, de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, Director del Centre for the Anthropology of Religion and Cultural Change (ARC), padre de cinco hijos. Recientemente publico su libro "La grande contradicción. Los fracasos de la libertad y la redención". Próximamente estará en las librerías el ensayo, escrito con su mujer Chiara Giaccardi, "Generativos del mundo, uníos". Emanuela Bambara lo ha entrevistado para el Pontificio Consejo para la Familia.
 
 
”Qué significa ser cristianos hoy, testigos de una auténtica cultura de la libertad?
 
La idea de libertad que se ha impuesto en la cultura contemporánea es delirante, en su voluntad de poder: tiene un problema con la realidad. El ego se siente libre en el descubrimiento de su propia libertad y se contenta con vivir, se deja llevar por las emociones, vive la libertad como un disfrute y como consumo para el disfrute. Es la idea de libertad en la eterna adolescencia. Ser cristiano hoy no significa estar contra lo moderno, contra la tecnología o contra la libertad. Es decir, ser constructivos y proponer una idea madura de libertad, no como prepotencia, delirio u omnipotencia, sino como dependencia, como capacidad de renunciar a una parta de la capacidad de generar vida, en respuesta a lo que se hace. Los cristianos son parte y protagonistas en la historia de la libertad. El problema no es ser libre o no, sino como se es libre. Los cristianos están llamados a ser testigos y promover esta libertad generativa.
 
De la misma manera que en la relación entre padres e hijos, se puede formar este concepto de libertad madura, ”cómo renunciar a una parte de la capacidad de amar, para compartir la libertad con el otro?
 
Los padres no pueden más hacer referencia a una autoridad constituida o a los valores establecidos, porque todo es fluido y cambiante, pero pueden ser testimonio - no impecable- de lo que creen; dar testimonio de que la vida no se desarrolla perdiéndose en el infinito de las posibilidades, sino la libertad se gasta en lo que vale y dignifica nuestra vida. De este ejemplo nuestros hijos tienen mucha necesidad.
 
Para educar a los hijos, los padres deben sobretodo educarse primeramente a sí mismos. ”cómo puede ser esta autoeducación de los adultos, para descubrirse culturalmente también como adolescentes, en una concepción inmadura de la libertad?

Este es el gran problema. El modelo adolescente se ha convertido en dominante, pues hay adultos que se sienten adolescentes y se compartan como tales. Está claro que en estos términos, no hay soluciones. La única cosa que se puede decir es que, se necesita formación para ayudar a estos adultos a comprender que esta eterna adolescencia es como estar atrapado en un papel y no tener acceso a una vida plena.
 
Incluso en ausencia de una legislación de apoyo, algunas escuelas u organismos públicos intentan introducir la sustitución de términos como "genitor 1" y "genitor 2" en lugar de padre y madre. ”Este cambio en la terminología que quiere producir una revolución no solo cultural y que significa anulación de las diferencias y de las funciones, genera daños?
 
Vivimos en una época en la que las primeras cosas que se pierden y se relegan son los significados. Enlazar el significado de las palabras es el único modo de religar las relaciones y con lo significativo para dar testimonio. Esta sustitución, que no es sólo lingüística, declara la disolución de nuestra sociedad. Nos damos cuenta de que hablar de "genitor 1" y genitor 2" significa eliminar una diferencia y esto curiosamente viene hecho por quien se proclama paladín de las diferencias. Las personas, con sus valores y los valores de la diferencia en el ser padre y madre, son reducidos a números, y es una clara contradicción con las intenciones declaradas. Debemos contrarrestar esta cultura mediante la práctica de ser madre y padre con madurez y serenidad, con la certeza de que el modelo natural es mucho más fuerte y arraigado, y que a pesar de estos nuevos modelos de desequilibrio contemporáneo seguirá teniendo éxito.
 

 
print
Copyrights 2012. All rights reserved Pontificium Consilium pro Familia