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Juntos, unidos en Cristo
Entrevista a los cónyuges Peter y Christiane Annergan, de la Directiva de Asociaciones Internacionales de Laicos.



Con motivo de una visita al Dicasterio, los cónyuges Peter y Christiane Annergan, que viven en Bélgica, han sido entrevistados por su experiencia como Resposnables de la Secretaría de los Equipos Internacionales de Nuestra Señora hasta 2012 (el Movimiento de Espiritualidad presidido hasta esa fecha por los cónyuges María Carla y Carlo Volpini, consultores del Pontificio Consejo para la Familia), consultores del Pontificio Consejo para los Laicos y, en cuanto a Peter, Presidente del European Forum of National Laity Committees (la organización que coordina a los responsables y delegados católicos laicos en Europa, no limitada a los miembros de la Unión).

”Cuál es la finalidad de sus asociaciones laicales a nivel internacional y como trabajan?
 
«Ambas organizaciones nacieron hace veinte años, para poner en común en la práctica y en el servicio nuestras experiencias de laicos implicados en la delicada y difícil misión de mediación y diálogo entre la sociedad civil y la Iglesia, desde la perspectiva del bien común. El apostolado laical se ha vuelto aún más importante y valioso, fundamental para la Iglesia, en el último decenio y especialmente en los últimos años, debido a la avanzada secularización y descristianización de la sociedad occidental, europea. Así, el Forum europeo de las asociaciones laicales reconocidas por las Conferencias Episcopales locales está presente en países de minoría católica, como los países escandinavos, en Suecia, por ejemplo, donde sólo el 3 por 100 de la población es católica. Cada dos años, nos reunimos en asamblea plenaria, para discutir los temas y cuestiones que hemos considerado relevantes o urgentes en nuestro apostolado. El año pasado nos hemos reunido en Austria, en Viena, para hablar de la visión del hombre en la Iglesia y en la sociedad; el año próximo, desde el 28 de junio al 1 de julio, estaremos en Roma, en la Domus Mariae, para hablar del futuro de los jóvenes desde la perspectiva cristiana».

”Qué dificultades encuentran?

«Intentamos trabajar junto a los sacerdotes y obispos, en corresponsabilidad de derechos y deberes y en recíproca colaboración. Hasta hace diez años, esta relación de respeto y ayuda recíproca entre clero, religiosos y laicos, paritaria y solidaria en la diversidad de los carismas para testimoniar los valores cristianos en la vida concreta de nuestro tiempo y del propio mundo, no era fácil, porque prevalecía una concepción jerárquica en la Iglesia, por la cual los laicos eran considerados de algún modo "supeditados" a los sacerdotes. La situación ha cambiado y cada vez trabajamos más juntos, unos junto a otros, lado a lado. Juan Pablo II dijo que los laicos participan en la vida y en la misión de la Iglesia en comunión con Cristo junto a los pastores, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, distinguiéndose por la especificidad de la propia vocación, que no es inferior a la de los clérigos. Todos juntos somos la Iglesia, ha recordado Benedicto XVI, y los laicos desarrollan una misión fundamental para la santificación del mundo, que es cada vez más importante. El Papa Francisco nos ayudará mucho a redescubrir el vínculo auténtico de comunión entre las diferentes vocaciones y los diferentes carismas en la Iglesia, sin jerarquías, en el ser común de cristianos, y ciertamente ayudará una mejor valoración de los laicos. No existe, sin embargo, la varita mágica y es un camino que todavía tiene obstáculos. Hace dos meses hemos organizado un encuentro en Estocolmo, para reflexionar juntos sobre los modos y ocasiones de colaboración fraterna entre laicos y sacerdotes».

”De qué forma son hoy las familias sujetos evangelizadores?

«El papel de las familias en la Iglesia y en la sociedad no es distinto del de los laicos. La familia cristiana, sin embargo, tiene su misión específica para la espiritualización, antes incluso que la evangelización, de la cultura y de los hombres de nuestro tiempo. Sobre todo por lo que respecta a la educación a la vida de los jóvenes y a la transmisión de una visión cristiana de la dignidad de cada persona humana y de la libertad como realización plena del ser humano, en todas sus dimensiones, materiales, morales y espirituales. En nuestra sociedad, de hecho, los valores materiales son los más importantes. Estamos inmersos en una cultura individualista, egoísta, competitiva, fundada sobre el poder, el deseo y la posesión. Incluso durante sus estudios, los muchachos intentan vencer a los demás, llevando los objetos más bonitos o de moda. Las familias tienen una gran responsabilidad. La responsabilidad de ser testigos de los valores de nuestra fe, de comunión, de fraternidad y de acogida, de verdadera humanidad, de libertad de religión, de amor auténtico. En el testimonio vivido por las familias cristianas resplandece la luz de Cristo en nuestro tiempo».
 
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