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Una promesa cumplida   versione testuale
Monseñor Paglia se reúne con las familias sirias en Damasco


Se hizo una promesa ante el Papa y ante un millón de personas al final del Encuentro Mundial de Filadelfia: el Evangelio de Lucas entregado por el Papa a las familias de los cinco continentes tenía que llegar también a Damasco, a las familias sirias afectadas por la guerra, representadas en ese momento por el matrimonio Sargi con sus tres hijos. El gesto simbólico se asoció inmediatamente a una recaudación de fondos destinada a socorrer a las familias sirias durante el duro y cercano invierno.
 
La entrega del Evangelio de Lucas en árabe y los fondos recaudados constituyeron el motivo del viaje de Mons. Paglia, Presidente del Pontificio Consejo, a Siria el pasado 15 de noviembre. Durante la celebración presidida por el Patriarca Laham III en la catedral melquita repleta de familias y niños, Mons. Paglia exhortó y reconfortó a las familias presentes, declarando:
 
"Os traigo la medicina del Papa que cura el corazón, que nos fortalece, que nos hace capaces de reconstruir un país: el Evangelio de Lucas. Es el Evangelio de la misericordia, que se conmueve ante tantos niños que sufren y ante los dramas de los jóvenes. Es el Evangelio que consuela a los ancianos que ven a su país en un momento tan difícil. Este pequeño libro es una lucecita: ilumina la noche oscura, enciende una esperanza de paz. Os entregamos este evangelio en las manos: acogedlo en el corazón. ¡Sois la esperanza de una Siria más hermosa! "
 
Se celebraron varias encuentros en los que se descubrió el hermoso rostro de Siria: las hermanas que trabajan en los hospitales, los salesianos que reúnen cada día a cientos de niños en las escuelas y en el oratorio de la ciudad, los voluntarios que a diario visitan a las familias en los barrios más pobres, los cristianos cada vez más comprometidos en diversos campos de la vida eclesial y social del país. A estos cristianos, en un encuentro organizado con el Patriarca Laham y el Nuncio Mons. Zenari cuyo tema era "Familia y sociedad de hoy", les dijo Mons. Paglia:
"Dios ha confiado a la familia el cuidado de la creación y de las generaciones. El hombre y la mujer tienen la responsabilidad conjunta del mundo y de la sociedad. Las familias cristianas, particularmente, no pueden permanecer encerradas en sí mismas; han de salir para hacer que el mundo sea más humano, incluida Siria. Tenemos que reflexionar juntos, soñar juntos, planificar el futuro de nuestros hijos y para esto, los cristianos son indispensables. Sin cristianos Siria y Oriente Medio se mueren. [...] Los cristianos nunca pueden ser fundamentalistas. Nuestra cultura aporta la tolerancia y la civilidad. ¡A todos! Nosotros no somos fuertes porque tenemos grandes ejércitos, sino porque contamos con el amor invencible e inteligente de Jesús".
 
Más púdicas e intimas fueron las palabras escuchadas en los encuentros con la población directamente afectada por la tragedia de la guerra: la familia a la que una bomba mató a dos niños de 10 y 3 años de edad que jugaban en el balcón y que ahora ha decidido tener un nuevo bebé, los jóvenes heridos por la explosión de una bomba debajo de su autobús escolar (el lanzamiento de bombas sobre la ciudad de Damasco se hace deliberadamente en el horario de salida de las escuelas). Una trágica realidad confirmada por los números y datos que se leyeron durante el encuentro mantenido con los responsables de la delegación de UNICEF que trabaja en Siria: cuatro mujeres alarmadas e impresionadas por lo que les toca ver cada día y que tratan de evitar.
Así mismo, el viaje fue una oportunidad para tener una serie de breves encuentros con diversas autoridades eclesiales locales, como por ejemplo los que tuvieron lugar con: el Patriarca maronita Cardenal Boutros Rai, en la etapa libanesa del viaje y el Patriarca sirio ortodoxo de Damasco, Su Santidad Ignazio Aphrem II  
 
 
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